Por su parte, la educación convencional se fue cerrando ante la idea de diversidad, con la implementación de restricciones en cuanto a apariencia física (con los uniformes y normas de apariencia) y en cuanto a maneras de pensar, de exigencias en cuanto a rendimiento académico, de evaluación en base a pruebas estandarizadas y de la exclusión de capacidades que no se consideran relevantes para rendir este tipo de pruebas.
Sin embargo, con el paso de los años, se han ido desarrollando diversas ideas, prácticas y guías que buscan aplicar metodologías más inclusivas en las aulas. Como por ejemplo la guía para la educación inclusiva (de Tony Booth y Mel Ainscow), las investigación de Solla en 2013 sobre las prácticas que apoyan la inclusión en el contexto educativo español, la metodología de aprendizaje cooperativo, entre otros.
En el país, desde mediados del siglo XX hasta la actualidad, se han empezado a plantear postulados, reflexiones y acciones acerca de cómo practicar la inclusión educativa y la valoración a la diversidad en los establecimientos educacionales. A partir de entonces, se han tomado diversas medidas para lograr una educación inclusiva, ante la cual es imperante que se valore la diversidad dentro de las aulas. Sin embargo, aún no se ha logrado del todo pues el esquema que tiene la sociedad en torno a la diversidad aún no está bien concebida. Lo anterior porque aún perdura la creencia de que existe una especie de normalidad en las personas, y que, por defecto, están aquellas personas que se salen de la norma, a las cuales hay que aceptar, acoger e incluir. Esto alude a las personas sin discapacidad- como los y las normales versus las personas con discapacidad- como los y las diferentes. Y es justamente esta percepción de que existe una tal normalidad y una tal diferencia lo que lleva a que se les enseñe a las personas sin a incluir/acoger/apoyar y no discriminar a las personas con discapacidad, en vez aprender a valorar la diversidad como característica constituyente de todo grupo humano. Es decir, que no existe tal normalidad y que cada persona que habita en el planeta posee características, capacidades y dificultades particulares, independiente de si son personas con discapacidad o sin discapacidad.
El presente blog se enmarca en el curso de “inclusión educativa y atención a la diversidad” de la Universidad de Chile. El tema en particular de valorar la diversidad en las aulas deriva de la educación inclusiva pues ésta implica resignificar lo que se entiende por diversidad, más allá de la discapacidad sino que comprendiendo que todos somos diversos, y a su vez, que esta diversidad es uno de los grandes potenciales con los que cuentan las aulas educativas. Por esto, valorar la diversidad es un paso necesario para construir una verdadera educación inclusiva. A su vez, el blog deriva del curso pues este tiene como objetivo analizar los problemas de inclusión y equidad, a partir de la comprensión de conceptos y prácticas inclusivas. De lo anterior deriva el concepto de diversidad, y su valoración en el aula es una práctica que tiene como objetivo una educación inclusiva.


